Afeitados y sin visita

Hace ya muchos meses, la desaparición repentina –sin aviso ni explicaciones- de Roggergol había alzado sobre el cielo de sus seguidores grandes nubarrones. Como siempre, los enigmas relacionados a la desaparición de personajes ilustres se convierten fácilmente en productos comerciales: Parrado y Berugo Carámbula son -entre otros- constatación de esta realidad. Lamentablemente, Roggergol se sumó a la lista: notas de prensa, ediciones especiales de diarios y semanarios; libros, documentales y una serie de televisión protagonizada por Nano Folle signaron curiosa desaparición.

Carámbula y Parrado, dos personajes admirados por Roggergol, y con coincidente destino: desaparecidos.

Pero el tiempo, como suele decirse, hace el lento trabajo de poner las cosas en su lugar. A causa de una profunda y profusa investigación, aquellos nubarrones terminaron por transformarse en discreta bruma: Roggergol estaba vivo, en Chile, exiliado o extraditado.

El celaje de comentarios, especulaciones, chismes y demás, trocó al tiempo en cielo claro. Una rápida visita de Roggergol a Montevideo en los últimos días del 2008 sirvió de constatación de su existencia física, y reforzaba, de ese modo, la esperanza de que todos sus preceptos futbolísticos e ideológicos seguían aún en pie.

Tiempo después, la noticia llegó sin bombos ni platillos, como casi todas las grandes noticias: Roggergol abandonaba su carácter de desterrado, de exiliado de la vida y tornaba al paisito a retomar su camino. Alguien comentó que en tierras andinas armó las valijas con lágrimas inversas, y apacibles suspiros que parecían preguntarse si era él de alguna parte. Cargó las maletas con todas sus pertenencias y bien en el fondo del equipaje –entre camisas, calzoncillos, maquinas de afeitar, y cuatro quilos de cocaína escondidos en el doble fondo– acomodó una cantidad de recuerdos confusos y unas repentinas ganas de ser un poco mas dueño de su destino.

El retorno se concretó. Roggergol pisa su tierra, y –casi al instante– ya es tan uruguayo como antes y como todos nosotros: se queja de todo, pero hace poco para cambiarlo; le cuesta asumir la bonanza económica; opina sin informarse; conoce la letra del himno, pero con algunas lagunas en el medio; consume lo que denigra; y, finalmente, “le cuesta no legar tarde… mas bien le cuesta llegar”.

Si… agitó, estimuló, incitó, inspiró, impulsó, planteó, invitó, organizó, y finalmente no asistió ni al fútbol, ni al asado, ni… (la lista seria interminable).



El enigma y la traición como medio de transporte


El día sábado, tras una enorme e impecable gestión organizativa de Damián, en la cancha del Nuevo Amanecer se realizó el match-homenaje a la vuelta de Roggergol, con presencia estelares e insólitas. Las comparaciones son inevitables: ni Maradona ni el Pato Aguilera –tipos desprolijos si los hay/hubo- faltaron a su homenaje: Roggergol si. Las declaraciones de Damián, tras el partido, hubieran sido desoladoras y cargadas de bronca y frustración, si durante el partido no le hubiera ido tan bien. Pero quiso el destino que le tocara hacer dos caños de corrido –uno al Gato, que se atreve a discutirlo- y varios goles, y solo pudo decir: “Si, si… soy una maquina, no me para nadie”.


Damián, organizador del homenaje a Roggergol, durante el brindis realizado en el Sheratong, complemento de la actividad realizada en el campo de juego.

La confusión se adueña de los admiradores de Roggergol, y nadie sabe a donde ir ni que decir. Su ausencia –cual caída del muro de Berlín– dejó tartamudeando a sus seguidores, y varios libros cayeron de la biblioteca. Muchos especulan con que es tiempo de empezar a construir un fútbol post-Roggergolista. No vamos a opinar al respecto.
Solo alzamos (ojo con el Braian) desde estas paginas el grito de: “¡No tenes vergüenza!”